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LA POLÉMICA DECLARACIÓN DE LA MUERTE CEREBRAL. 
Por Dr. Luis Anunziato *
En el año 1968 un grupo de médicos del Massachusetts General Hospital de Boston, impulsó la creación de un Comité Ad-Hoc en la Universidad de Harvard, dirigido por Henry Beecher que, estableció una nueva definición de muerte basada en la irreversibilidad del daño cerebral producido en ciertos pacientes en coma. Publicaron en JAMA el trabajo y sentaron las bases de muerte encefálica, que hasta ese momento se consideraba como muerte el paro cardiaco y respiratorio. [1]  
Este hecho fue posible gracias al avance de la tecnología, dispositivos externos destinados al reemplazo de funciones vitales, como el uso del respirador mecánico. También motivó la creación de los servicios de terapia intensiva, para aplicar continuamente un soporte tecnológico o farmacológico para cada función orgánica en el paciente agudo.
El cuadro clínico y pruebas diagnósticas demostrarían la detención en las funciones del cerebro, así el coma (ausencia completa de conciencia, motilidad y sensibilidad), apnea (ausencia de respiración espontánea), ausencia de reflejos que involucren nervios craneanos y tronco cerebral (situados en el sistema nervioso central), y trazado electroencefalográfico plano o isoeléctrico. Todo lleva a mantener la vitalidad de los tejidos y detectada la muerte cerebral permitir el trasplante de órganos [2],


Aún en la actualidad, a 48 años del informe Harvard, hay objeciones a este concepto muerte encefálica, más allá de los cuestionamientos estrictamente biológico, como la persistencia de la regulación endocrino hormonal homeostática, hechos como los que representan los 175 casos con diagnóstico cierto de muerte cerebral publicados por Shewmon que “vivieron semanas y meses” y aquellos otros, correspondientes a mujeres embarazadas que mantenidas con soporte vital durante días y hasta meses permitieron el nacimiento de niños normales. [3] [4] [5]
Pareciera que sólo un número muy crítico de neuronas cesan su actividad y esta realidad, se enfrentada con el criterio de pérdida completa de la función cerebral, no podría responder la pregunta crucial que se ha efectuado Youngner: ¿Qué cualidad tan esencial y significativa tiene este número crítico de elementos de una entidad, que su pérdida constituye la muerte de toda la entidad?
Se siguen repitiendo casos como el mencionado en el trabajo Shewmon y Radio Mitre titula: “Milagro en EE.UU: lo dieron por muerto, lo desconectaron y “volvió a la vida”.
Se refiere a que en Mobile, Alabama, Estados Unidos, Trenton McKinley un niño de 13 años que sufrió un traumatismo cerebral severo. Tras más de 60 días en coma y sin mostrar un cambio, le explicaron a la familia que el estado de su hijo era irreversible y les consultaron si estaban de acuerdo con la donación de sus órganos a cinco niños que esperaban por un trasplante. Luego de pensarlo durante un día los padres firmaron los papeles para realizar la donación. Pero un día antes de la desconexión el niño se despierta recuperando el conocimiento. El joven se recupera y aun cuando tiene convulsiones, camina, habla y hace ejercicios matemáticos (ABC Sociedad. 07-05-18)
Se debe tener sumo cuidado en la evaluación del diagnóstico de muerte cerebral, a los fines de evitar problemas y transformar a una persona recuperable en donante, manteniendo la perfusión y oxigenación de los diferentes órganos y tejidos para ese fin.
Las dudas en un tema tan polémico lleva a Zunín a considerar que:
“[…] la declaración de muerte debería estar basada en el no funcionamiento de diferentes órganos usando un más comprensible y amplio criterio de análisis. Evaluando concomitantemente las funciones del cerebro, del corazón, el flujo de sangre, respiración. Una evaluación basada en diferentes órganos y tejidos traduciría la pérdida de la integridad debida a la total pérdida de las funciones del cerebro, así como el efecto de la pérdida de la función cardiopulmonar en otros órganos y tejidos.” [6]



[1] Ad Hoc Committee of the Harvard Medical School to examine the definition of brain death. A definition of irreversible coma. JAMA 1968; 205: 337-40.
[2] Gherardi, C.R. (2007) Vida y muerte en terapia Intensiva. Estrategias para conocer y participar en las decisiones. Buenos Aires: Editorial Biblos.
[3] Chioléro, R.; Berger. M. (1994) Endocrine response to brain injury. New Horizons; 2: 432-42.
[4] Shewmon, D.A. (1998) Chronic Brain Death, Meta-analysis and conceptual consequences. Neurology, 51: 1538-45.
[5] Powner, D.J; Bernstein, I.M. (2003)Extended somatic support for pregnant women alter brain death. Crit Care Med; 31: 1241-9.
[6] Zunín, M. (2014) Muerte cerebral, sus implicancias éticas desde el personalismo cristiano. Observatorio de bioética. Universidad Católica de Valencia.















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